Cuando la entregué, la cara de la destinataria lo decía todo. ¡Qué ilusión! ¡Aún se acuerda de mi! Nervios, tantos nervios que casi tengo que ayudarla a abrir el sobre. ¡Por fin! Y el resto del recreo a compartirla con las demás...
El primer rato libre un correo electrónico: es más rápido, pero no se puede tocar, y el correo postal sigue teniendo algo de magia cuando viene de alguien a quien apreciamos.
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